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  Funerales Nocturnos?
 
¿PORQUÉ ENTIERRAN A LOS BOMBEROS DE NOCHE?
 
Autor: Eduardo Correa Barrera
Superintendente y Director Honorario del Cuerpo de Bomberos de Conchalí
01 de diciembre de 2006
 
 
Una de las preguntas que siempre hacen los nuevos bomberos o la gente en general al saber que somos bomberos es: “¿Porqué entierran a los bomberos de noche? La repuesta a esta interrogante es repetir lo que por años se ha venido diciendo y que lamentablemente adolece de algunas imprecisiones históricas que con todo respeto me parece oportuno develar.
 
La explicación más comúnmente difundida y aceptada hasta el momento y que se da a conocer en los cursos de Historia Bomberil, corresponde en plenitud a la que ha publicado en su página web el Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, bajo el título de “Funerales Nocturnos”, la cual señala textualmente lo siguiente:
 
“En Valparaíso, así como en otras ciudades de Chile, los funerales de Bomberos se realizan de noche, siempre y cuando la familia del difunto esté de acuerdo. Esta tradición nace en el siglo XIX, cuando en un periodo de cierta inestabilidad política, la autoridad de turno impuso el toque de queda y la prohibición de reuniones públicas.

Esta situación, coincidió con el fallecimiento del joven voluntario de la Tercera Compañía, don Domingo Espiñeira. Sus compañeros tercerinos querían despedirse de su amigo como correspondía, sin embargo las medidas especiales no lo permitían. Por tal motivo, en forma oculta y teniendo a la oscuridad de la noche como cómplice, los tercerinos acompañaron a Espiñeira al cementerio, alumbrándose el camino con antorchas y faroles.

La fecha: 12 de abril de 1859.

Actualmente, esta tradición se mantiene viva en nuestra Institución. Al caer la noche, forma el Cuerpo de Bomberos en las cercanías de la Compañía doliente e inicia el camino hacia el cementerio. Sus voluntarios, así como en 1859, llevan antorchas como póstumo homenaje y como portadores de una tradición que jamás morirá”.
 
También, en la misma página web de Cuerpo de Bomberos de Valparaíso en la parte correspondiente a la Historia de la Tercera Compañía, se señala:
 
“La Tercera tuvo la ingrata circunstancia el año 1859, a raíz de una revuelta encabezada por don Pedro León Gallo Goyenechea, de que tuvieran en prisión a su Director, Capitán y Teniente 3º, los señores Angel Custodio Gallo Goyenechea, Juan J. Rodríguez y Manuel A. del Río, respectivamente. Además, su Secretario, don Octavio González Raimundis, se debió autoexiliar regresando posteriormente a Chile. Con el tiempo llegó a ser Cónsul de Chile en París. Durante los días de aquella revuelta, dejó de existir el joven voluntario tercerino don Domingo Segundo Espiñeira. Para cumplir con sus exequias fúnebres, se solicitaron los respectivos permisos, sin embargo la autoridad los negó para ser realizados en pleno día. Para suplir esta eventualidad, los funerales se hicieron a la una de la madrugada usándose para la iluminación chonchones. De esta triste circunstancia quedó la costumbre hasta nuestros días, de celebrar los funerales de voluntarios del Cuerpo de Bomberos en horas vespertinas e iluminados con antorchas”.
 
Argumento que data de muchos años, pues así lo podemos observar en un artículo del Sr. Ernesto Meyer, Voluntario de Tercera Compañía del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, publicado en el N°1 del “Magazine Bomberil” de Valparaíso de enero de 1926, cuyo texto completo se encuentra bajo el nombre “Las Antorchas Bomberiles” en la sección “Varios” de la página web “Antología Poética Bomberil”, y que dice:
 
“El uso de las antorchas en los funerales data del año 1850 (sic), en que, a causa del estado de revolución, se efectuaron varios funerales en la noche, por disposición de la autoridad. Muchos voluntarios y auxiliares llevaron antorchas para alumbrar el camino, en aquellos años tortuoso y accidentado, y así, lo que se hizo una vez por necesidad, quedó hasta hoy convertido en costumbre legendaria”.
 
En efecto, la inestabilidad política de 1859 que se menciona, dada por un estado de revolución dirigida por el líder liberal Pedro León Gallo en contra de del gobierno de Montt, hacía que no se viera con buenos ojos la actuación de los voluntarios de la Tercera, dirigida por aquel entonces por el hermano del caudillo, que como se ha mencionado fue detenido junto al Capitán y Teniente 3°.
 
Ante el fallecimiento de Domingo Segundo Espiñeira acontecido el 12 de abril de 1859, se realizaron las gestiones ante la Intendencia para efectuar el funeral extraordinariamente a la luz del día, la cual no fue concedida. Y digo extraordinariamente, debido a que aquí debemos ubicarnos en las costumbres de la época en cuanto a como eran los funerales a mediados del siglo XIX.
 
La costumbre era que los difuntos fuesen trasladados durante la noche al cementerio, para proceder a su sepultación durante la mañana y solo extraordinariamente y ante funerales de gran pompa dicho traslado se efectuaba durante el día, como aconteció meses antes del fallecimiento de Espiñeira, con los funerales del primer mártir de bomberos, Teniente 3° Eduardo Farley.  
 
En el libro “Sepultura Sagrada, Tumba Profana” de Marco Antonio León León, página 154, se relata en parte lo siguiente:
 
“¿A qué hora se producían los entierros?. En este punto, como en otros que hemos señalado, aparecen otra vez los silencios. No es fácil tratar de establecer los horarios de entierro, aún más cuando los reglamentos, desde la segunda mitad del siglo XIX, no entran tampoco en este tipo de detalles. Todo parece indicar, y en esto sólo podemos entrar al terreno de la hipótesis, que progresivamente las horas de inhumación se fueron desplazando desde la soledad de la noche hasta las más variadas horas del día, como se aprecia en el texto ya citado de Orrego Luco. (Memorias del tiempo viejo, 1984)
 
El reglamento del Cementerio General de 1832, hacía explícita mención al punto de los horarios:
 
Art.20. La conducción de los cadáveres será en todo tiempo desde las doce de la noche hasta las siete de la mañana. Se prohibe depositarlos aun momentáneamente en los templos, capillas, deprofundis, o cualquiera otro lugar que no sea la misma casa mortuoria.
 
¿Por qué establecer ese horario?. Pareciera ser que desde un comienzo, acostumbrada la memoria colectiva a vincular la muerte con el recinto de la iglesia, no se concebía un acto de inhumación pública que fuese llevado a la luz del día. Por ello las disposiciones legales apuntaron a restringir las inhumaciones a ciertas horas en las cuales, supuestamente, el resto de la ciudadanía no podía ver el desarrollo de tal espectáculo. No disponemos de mayores pruebas para imaginar hasta qué punto las normativas sobre las horas de entierro eran acatadas, pero no sería difícil suponer su evasión por parte de los vecinos.
 
Lo que sí podemos comprobar es que tales horarios fuera de lo común, todavía persistían hacia mediados del siglo XIX, pues el nuevo reglamento del Cementerio General, en 1855, mantenía estas ideas, aunque modificaba la disposición de algunas horas:
 
Art.5. La conducción de los cadáveres se hará desde las doce de la noche hasta las cinco de la mañana en los meses de noviembre i siguientes hasta fin de marzo, i desde la misma hora hasta las seis de la mañana en los restantes del año.
 
Desconocemos en qué momento del siglo XIX cambiaron las costumbres relativas a la hora de las correspondientes inhumaciones, pero es posible darse cuenta que en pleno conflicto secularizador de los cementerios (1883) los horarios eran más adecuados.”
 
Los datos dados en el reglamento del Cementerio General de Santiago pueden extrapolarse a los demás cementerios del país, pues así se ha podido comprobar con el de San Felipe y La Calera. Con relación a los cementerios de Valparaíso podemos ver lo que señala la página web “Sendero Bicentenario de Valparaíso”, que actualmente es posible abrir en http://www.senderobicentenario.cl, donde al describir la ruta del cerro Panteón al cerro Bellavista, tramo 05, en referencia  los entierros en los cementerios 1 y 2, así como también en el de los Disidentes, señala textualmente lo siguiente:
“Un dato curioso es que los extranjeros podían ser sepultados de día, mientras que los entierros de los nacionales se efectuaban en la noche. Esta tradición duró hasta 1870, pero hoy día sólo los bomberos se entierran al atardecer con un desfile de antorchas, bandas que tocan aires marciales, bronces y medallas. La ciudad se paraliza, extasiada, a su paso. Hasta hoy, el desfile de los bomberos fallecidos constituye uno de los más hermosos espectáculos de Valparaíso”.
De la Biblioteca Nacional he extractado lo que publicó el diario El Mercurio de Valparaíso por el fallecimiento y funerales del voluntario Domingo 2° Espiñeira, y que como veremos no tuvo nada de oculto como repetitivamente se hace ver.
 
“El Mercurio de Valparaíso: Martes 12 de Abril de 1859
 
DOLOROSA PÉRDIDA
 
Cabemos el penoso deber de anunciar a nuestros lectores que hoy, a las 6 de la mañana, a dejado de existir, después de una violenta enfermedad, el apreciable joven D. Domingo 2° Espiñera, que contaba apenas 18 años de edad.
 
Semejante desgracia, tan cruel como inesperada, a sumido en el dolor a una distinguida familia, produciendo en el público una notable sensación de pesar, pues el joven Espiñeira era, a más de un hijo tierno y amoroso, una lisonjera esperanza para su patria.
 
Difícil es señalar palabras oportunas para consolar a un padre que lleva tan irreparable pérdida, y nos abstenemos de tentarlo, limitándonos a comunicar la triste nueva asociándonos de todas veras a su legítimo dolor”.
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“El Mercurio de Valparaíso, Miércoles 13 de Abril de 1859
 
ENTIERRO DEL JOVEN ESPIÑERA
 
A las 12 de la noche de ayer fue conducido a su última morada el cadáver del joven Espiñera, seguido de un numeroso acompañamiento.  Su desolado padre encabezaba el duelo, teniendo la ejemplar firmeza de permanecer en el panteón, a pesar de los ruegos de sus amigos, hasta las 5½ de la mañana de hoy, hora en que se dijo la primera misa de cuerpo presente.  A las 7½ tuvo lugar la segunda misa, a la que concurrió gran número de personas, procediéndose después a sepultar el cadáver, acto bien doloroso por cierto cuando se reflexiona que el difunto era un joven de 18 años a quien sonreían las halagüeñas esperanzas del porvenir, y que fue solemnizado con varios discursos encomiásticos.
 
Todo acabó para el joven Espiñeira……. Que la tierra le sea leve ! “.
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“El Mercurio de Valparaíso, Jueves 14 de Abril de 1859
 
MÁS SOBRE EL ENTIERRO DE AYER
 
La precipitación con que redactamos el artículo en que dimos cuenta el entierro del malogrado joven D. Domingo 2° Espiñeira, así como la falta de espacio, hicieron que dejásemos en blanco algunas circunstancias que creemos oportuno conmemorar.  El convoy fúnebre partió de la casa mortuoria no a las 12 de la noche sino a la 1 de la mañana.  Componíanlo 42 individuos de la Tercera Compañía de Bomberos, a que perteneció el joven Espiñeira, y un respetable número de caballeros de todas las nacionalidades.
 
Los bomberos llevaban el ataúd sobre sus hombros, hasta depositarlo en el panteón, alternándose de cuatro en cuatro en su marcha por las calles y de seis en seis para subir el cerro.  Noble y generoso testimonio de fraternidad y de unión, que honra tanto la memoria del amigo como el carácter de los que supieron ejecutarlo.
 
Después de la misa, y cuando concluyó la ceremonia e iba a darse sepultura al cadáver D. Manuel G. Carmona, avanzándose de el medio del convoy, pronunció un sentido discurso, que no reproducimos por su mucha extensión, pero que produjo una honda sensación en el auditórium.
 
El Sr. D. Octavio González, Secretario de la Tercera Compañía de Bomberos, le había dedicado también el suyo, que no hemos podido obtener.
 
Razón teníamos pues, para haber dicho que la institución de los bomberos es la manifestación más sublime de esa fecunda alianza entre la libertad y la civilización”.
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Por lo antes expuesto, es posible afirmar que está muy lejana de la realidad la relación novelesca que hace don Christian Reyes Gavilán en su libro “Los Bomberos de Chile” sobre esta materia, donde presenta al cuartelero Benigno dando cuenta al Secretario de la Tercera Compañía, Octavio González de los últimos acontecimientos…. Señalándole: .......“La última desgracia fue la muerte de Domingo, ¿se acuerda de él? Domingo Segundo Espiñeira. No tenía ni treinta años, y la bala……, nunca se supo de donde vino. Para más, el gobierno no quiso autorizar el entierro… Y no sé qué va a pasar con él”.  Pues en este relato ficticio hubo una confusión con la muerte del Director de la Primera Compañía de Hachas, Ganchos y Escaleras, Mr. Johns, quien falleciera trágicamente, siendo una víctima inocente de la revuelta del 28 de febrero de 1859 y cuyas exequias fúnebres se celebraron el mismo día del fallecimiento de Domingo Espiñeira. La relación de tal evento se publica también, detalladamente, en El Mercurio de Valparaíso del 12 de abril.
 
En conclusión, el traslado de los restos del voluntario Domingo Espiñeira al Cementerio se llevó a cabo en horas de la noche, como estaba dispuesto en la época, acompañado de numeroso público y se le dio sepultura por la mañana después de efectuada una misa y pronunciados los discursos del Sr. Miguel G. Carmona y del Sr. Octavio González, quien despidiera los restos a nombre de la Tercera Compañía.  No fue un funeral que se llevara a cabo en forma oculta, teniendo a la oscuridad de la noche como cómplice como se dice habitualmente.
 
 
   
 
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