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  Una Mujer Bombero
 
Una Mujer Bombero

Extraido de www.bomberil.cl
 
 
Un día, siendo muy niña llegué a un cuartel de bomberos
de la mano de mi padre,
era un lugar muy grande y frío,
había tres carros bomba y se veían poderosos.
Caminaba por un pasillo que brillaba,
y hacia un costado había muchos artefactos que no conocía,
eran muy antiguos por  lo demás.
   Al final de ese pasillo había una cripta,
dentro de ella dos equipos de bombero,
¿porqué estaban ahí?
eran los bomberos que habían entregado su vida,
por cumplir con su deber, eran sus mártires.
 
Poco a poco fui comprendiendo lo que realmente era ser bombero,
cada vez que mi papá  llegaba de un llamado nos contaba
lo que había sucedido y muchas veces llegaba triste,
porque alguien había perdido la vida.
 
Me fui acostumbrando a ese olor a humo,
a escuchar la sirena y saber que alguien necesitaba
a los valientes bomberos y orgullosa de que mi padre
fuera uno de ellos  y que a la vez traspasó esa vocación
de servicio a sus hijos.
 
Un día decidí ser bombero, aunque toda mi vida
me sentí como tal, por haber crecido entre ellos,
pero quería vestir ese uniforme y entregar lo que mi padre entregaba,
ese espíritu de abnegación y sacrificio.
 
Luego de ocho meses de instrucción pase a ser bombero,
obtuve la mejor nota y como no, si tuve al mejor maestro.
Con el tiempo, el orgullo que sentí por mi padre,
también lo sentí por mi misma y por pertenecer a esta institución,
el orgullo de poseer este don, que solo a un bombero
podría pertenecer.
 
Para una mujer, el ser bombero es una experiencia única,
somos madres de quien sufre en un incendio,
de un niño atemorizado por ver las llamas,
de un joven que está atrapado en un vehiculo,
en fin, luchamos contra el fuego,
pero entregamos un sentimiento de protección
a quien lo necesita…
 
En consecuencia, somos la imagen protectora
dentro de esta bella institución…
 
 
 
Marcela Catalán Bravo
1ra. Cía Cuerpo de Bomberos de Maipú
 
   
 
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